Mí muy amada Jelysauria…Parece mentira que hoy se cumplan 11 años desde que llegaste a este mundo. 11 años en los que cambiaste con tu llegada la vida de todos los que hemos estado involucrados en tu vida. 11 años en los que has demostrado que muy lejos de toda especulación fatídica en cuanto a la paternidad, si ha valido la pena cada día, cada hora, cada minuto y segundo de estos 11 años en los que has estado presente.
Existe un punto en la vida de las personas donde, aunque parezca mentira, aunque parezca exagerado y aunque últimamente suene a cliché; nuestra vida da un vuelco de 180 grados en cuanto a su dirección en ese momento, y literalmente nos convertimos en otras personas.
Así me paso contigo, la hija que jamás pensé en tener.
Antes de que nacieras la idea de la paternidad me resultaba tan lejana que llegaba a ser risible desde todo punto de vista. Pensaba que ser padre no era para mí, imaginaba que esos momentos buenos que pase con mi padre los pude haber pasado con otro familiar y hubiese sido lo mismo, jamás pensé que pudiera sentir que mi vida no tendría sentido sin la existencia de otra persona, ni siquiera con el amor físico, mucho menos el paternal.
Y tampoco fue tu nacimiento el que hizo que inmediatamente dejara de pensar de esa manera y abriera mis puertas a la idea de ser el guía para una persona recién llegada al mundo. Por razones que tú y poca gente saben, estuve ausente prácticamente durante tus primeros meses de vida, en los que solo significabas algo más que una niña del montón. Fue ese amor que me fuiste demostrando poco a poco el que definitivamente hizo que todos esos muros que construí alrededor de mi en ese tema fueran cayendo poco a poco a punta de sonrisas, abrazos y balbuceos que decían tanto que hasta podría afirmar que entendía cuando me los decías.
Fue tanto lo que significo el que entraras a mi vida de esa manera que mientras más entrabas, menos importancia tenían otras cosas que anteriormente eran mi prioridad. Así ya dejo de importarme si salía un sábado en la noche a beber por quedarme contigo a cuidar tu sueño, si me escapaba un fin de semana entero sin decir nada por un domingo en el que compartiéramos risas y juegos, una parilla en casa de unos panas comenzó a ser nada para mi frente a llevarte a comer a McDonalds y mirarte jugar en el parque toda una tarde.
Aunque no vivas conmigo todos los días, estas más que presente en las decenas de fotografías que están regadas en la casa, en los mensajitos que me dejas en el corcho del cuarto y sobre todo en el desorden que siempre dejas en mi cuarto cada vez que vienes, pero que yo perdono y hasta aplaudo solo porque eres tú.
Queda mucho por delante, la palabra adolescencia es algo que me aterra y me emociona a la vez cuando pienso en cómo será nuestra relación de aquí en adelante. Solo espero que esa comunicación que hemos construido a lo largo de estos 11 años sea la base para que más que ser padre e hija, sigamos siendo los amigos que somos. Siempre vas a tener en mí un apoyo más que incondicional, un respaldo infinito a todo lo que te propongas a hacer pero más que nada, siempre vas a contar con que este cabezón loco te va a querer lo que dure esta vida y más allá.
Te amo hija mía!
7:28 AM
CarlosZombie












