domingo 26 de febrero de 2012

Yo robot: rabia contra no ser una maquina

Creo que no mucha gente puede afirmar sin ningún ápice de mentira o exageración que tiene el trabajo ideal, que no cambiarían nada de él y que se ven haciéndolo por el resto de sus vidas. Quienes pertenezcan a este grupo permítanme felicitarlos a la vez que una mentada de madre en mi mente corrobore mi sana envidia para con ellos o ellas.
Me gusta mi trabajo, mentiría si dijera lo contrario. Digamos que en toda mi vida profesional he tenido altas y bajas y es ahora, con este trabajo que tengo ahora, que recojo mucho de los sinsabores que a lo largo de mis anteriores trabajos tuve. Pero así como mentiría si dijera que no me gusta mi trabajo, mentiría también si dijera que no cambiara nada de él o que me veo haciéndolo toda la vida. Hay por supuesto cosas dentro de mí mismo día a día laboral que me hacen llevarme la mano a la cara ya sea de vergüenza ajena o de ganas de matar a alguien. Pero es algo que honestamente no ha pasado de un rato o de un par de días cuando mucho, estando claro de que son cosas que vienen con la profesión y que al fin y al cabo son parte de lo que hago o debo hacer.
Pero más allá de eso si existe un sentimiento que últimamente ocupa mi mente es el de que muchos de quienes nos dedicamos a esto, desperdiciamos talento e inteligencia en cosas superfluas. Que nadie me mal entienda, ni estoy hablando mal de lo que yo y los que trabajan conmigo o en mi profesión hacemos, ni tampoco me estoy colocando a mi o igualmente a quienes trabajan conmigo o en mi profesión como genios; pero cuando tienes que pasar días enteros solo para cambiar de color un botoncito o tienes que mover cielo y tierra para que un Query haga lo que quieres que haga y no otra cosa completamente opuesta, un sentimiento de infortunio llega solo sin que nadie lo llame. Mi punto es que a veces quisiera que mi trabajo tuviera más relevancia y legado que una web bien hecha.
No sé si en el bando contrario (médicos, científicos, etc.) tienen un sentimiento similar pero al contrario, pero a veces es algo frustrante lidiar con dicha sensación.
En cuanto a si quisiera cambiar aspectos de mi trabajo, siempre estoy en aras de mejorar tanto el ambiente como lo que hago, todo siempre apuntando hacia lo más alto en la escala. Para el último aspecto, si me veo haciendo esto por siempre la respuesta es algo ambigua. Quisiera decir un no rotundo pero hasta los momentos no me he topado con esa actividad que me lleve a sentir de nuevo la necesidad de irme de bruces por ese camino, pero en eso se está trabajando para que ese golpe brusco sea pronto.

martes 21 de febrero de 2012

Intolerante a la intolerancia, o entendiendo él porque del sectarismo

Si hay algo a lo que me he vuelto intolerante en los últimos tiempos es a la misma intolerancia. Es un sentimiento irónico y que realmente pudiera tener diferentes lecturas, pero si, el caso es que cuando me topo con alguien cuyo sentido del raciocinio se sustenta en solo lo que conoce o cree conocer, pues es allí cuando mi mas arraigado sentido de intransigencia hacia ese mismo sentimiento es expresado.
La semana pasada luego de las publicitadas primarias de la oposición venezolana, me tope en Facebook (una mina para este tipo de casos) con las publicaciones de una persona de mi pasado totalmente en contra de dicho acontecimiento. Realmente me llamaron la atención porque esta mujer en particular jamás había expresado posición política alguna mientras estábamos más en contacto. Estando en línea le hice un comentario acerca de este hecho, sin ningún fin más allá de saber si realmente tenia esos ideales o solo lo hacía por mero troleo. La respuesta que me conseguí no me sorprendió por lo que me decía, sino la forma. Luego de corroborar que si era del bando del gobierno, me pregunto si yo también era un ciego, entendiéndose como ciego a alguien contrario a su pensamiento. Realmente nunca me he considerado alguien opositor al 100% más que nada porque soy de los que consideran ciertos aspectos de la política del gobierno actual como positivos, pero más que nada porque no me gusta caer en extremismos y ser 100% de una cosa, aclaro esto porque luego de semejante aseveración le dije que si por ciego era alguien contrario al gobierno, si lo era y mucho. Luego de hundirse más con una sola oración (“vergaaaa!! q triste por ti....”) nos fundimos en una corta pero intensa discusión que termino por mi parte cuando le pedí que en aras del respeto lo dejáramos hasta allí, y que por favor no me mencionara el tema político ni el religioso, a lo cual estuvo de acuerdo no sin antes lanzar algunos dardos venenosos más antes de terminar su conversación.
Realmente no me molesto el hecho de que no tenga el mismo pensar ideológico que yo, para muestra están mis varios y numerosos amigos partidarios del gobierno y de izquierda con los cuales tengo y siempre tendré una sólida amistad mucho más allá de que estemos o no de acuerdo con ciertas cosas que al fin y al cabo importan poco a la hora de pensarlos como lo que son, mis amigos. Lo que si realmente me hirvió la sangre en ese caso y me hierve la sangre en cualquier momento, es la soberbia de pensar que tenemos la razón y que todos los demás están equivocados solo por no tener los mismos pensamientos.
No quiero sonar hippie, ni tampoco predicar por un mundo donde todos nos demos de la mano como si de una comuna se tratara, pero al menos las diferencias (sean del tema que sea) deberían pesar cada vez menos en aras de un mejor entendimiento como seres racionales que somos. De hecho tampoco me gusta mucho usar la palabra “tolerancia” porque ella implica un sentimiento de aguantarse lo que sea aun pensando que es algo malo. Me gusta más la palabra “entendimiento” porque expresa mejor el que las diferencias que tengamos son ínfimas frente a las semejanzas que tenemos como especie, y que más allá de lo que pensemos o creamos deberíamos tratar de pensar en objetivos comunes que podamos llevar a cabo muy a pesar de lo que podamos en el fondo pensar de con quien llevemos a cabo dicho fin.

martes 7 de febrero de 2012

Planear el futuro, o como no caerse a pajas mentales pensando pajaritos preñados

Existen comportamientos en nosotros los seres humanos que literalmente hemos heredado de nuestro pasado animal, así podemos ver a una madre que se sacrifica a cualquier punto por sus crías o gente que come literalmente como cerdos; pero entre las cosas que hemos heredado de nuestro pasado animal y que de alguna forma ha evolucionado junto con nosotros esta la capacidad de que de alguna forma nos detenemos en algún momento de la vida a planear nuestro futuro.
Todos por más variopinto que sea el modo de pensar en cualquier área nos detenemos a visualizar nuestro futuro a cercano, mediano y largo plazo; eso es algo tan humano como rascarse cuando a uno le pica algo. Que hagamos o no hagamos algo para alcanzar aquello que soñamos en ese momento queda ya en el plano tanto de lo posible como de la fuerza de voluntad de esa persona.
Todo esto lo escribo porque (aun cuando el tema este algo repetido) yo soy una de esas personas que sueña no uno ni dos, sino muchos escenarios para diversos acontecimientos de mi vida al mismo tiempo. Es una maña que tengo y que lejos de quitarse se afianza con el pasar de los siglos. Si esto es bueno o malo es algo que no queda de mi parte decirlo.
Estoy a punto de tomar decisiones que afectarían de un modo radical la vida que hoy en día llevo (para la gente amante del chisme, no se trata de relaciones de pareja, hijos o cambios de sexo), y como mencione anteriormente estoy imaginando muchos escenarios para dichos cambios.
Poco a poco iré viendo la factibilidad de dichos cambios radicales. Tal vez dentro de un tiempo vuelva a leer este post y sepa donde efectivamente comenzó dicho camino, o tal vez este aun en el mismo estado en que estoy ahorita y leyéndolo me llene de nuevo de valor para emprender dicho camino o me arreche conmigo mismo por no haberlo hecho. Lo que si queda claro es que en este momento, dicha voluntad tiene un alto valor en mi vida y queda de mi parte materializar dichos anhelos.

domingo 29 de enero de 2012

The Girl with the Dragon Tattoo: el David Fincher más frio y rancio…


Soy un fan de David Fincher, lo confieso. Es uno de mis directores favoritos de siempre y en mi opinión una película mala de Fincher es mejor que muchas de las películas que en ese momento estén saliendo. Todo esto lo digo porque fui a ver The Girl with the Dragon Tattoo con las más bajas expectativas que podría tener ante un trabajo de este genio (realmente fue en una proporción de 50/50 al lado de las criticas buenas) y salí del cine no solo contento sino satisfecho de haber visto una película redonda.
Debo aclarar antes de reseñar The Girl with the Dragon Tattoo que no he leído los libros de la ahora famosa trilogía Millennium ni tampoco he visto las películas originales (a pesar de que ambas cosas me han sido recomendadas infinidad de veces por mucha gente), ya que quise sumergirme en la historia con la menor cantidad de conocimiento acerca de la trama y a pesar de que lo único que leí fueron las reseñas que fueron saliendo a lo largo del tiempo, igual no quise saber demasiado y llegar lo más virginal posible al cine.
A pesar de su extensa duración (2 horas y 38 minutos) The Girl with the Dragon Tattoo no se hace fastidiosa ni mucho menos aburrida, cuando suceden momentos en los que puede que en apariencia no sucede nada relevante, la trama nos regala un vuelco drástico en la trama o uno de esos momentos donde la tuerca de la historia es nuevamente apretada y nos da otra vuelta dándole nuevos aires.
Si algo me llamo la atención de esta película es el tono serio y lúgubre que a lo largo de su duración tiene. La historia por supuesto merece ese tono (no es Vacaciones con Chevy Chase) y por eso cualquier brochazo de humor por más pequeño que sea es recibido como si estuviésemos en cualquier momento frito de una película de comedia.
El ambiente frio que Fincher le otorga al aspecto visual va acorde con el tono lúgubre que mencione anteriormente. No es solo que la trama está ubicada en una tierra helada como Suecia, sino que aparte podemos sentir en las tomas en exteriores ese frio que congela hasta los huesos y que hace que los personajes se froten los brazos en una actuación que no lo parece tanto.
creanlo o no una vez hice lo mismo que en esta escena, solo que la persona en cuestion (cof, portu, cof) estaba desmayado de la pea y luego tuve que rescatar su carro con un chofer rascado que se iba durmiendo (true story)

Fincher dirige de una manera sobresaliente más no magistral como en anteriores trabajos. De hecho en este aspecto podría fácilmente dividir la película en 3 segmentos en cuanto a tiempo se refiere, siendo el primero (hasta el acontecimiento del “cerdo violador”) el más sobresaliente de todos en este sentido. Luego todo parece estar dirigido en una forma casi automática hasta llegar al segmento final (donde descubren la identidad del asesino) siendo este un segmento mucho mejor elaborado que el anterior pero sin llegar a superar al primero.
Las actuaciones del elenco no llegar al nivel de Rooney Mara quien en su papel de Lisbeth Salander se lleva por los cachos a otros grandes como Christopher Plummer (genial en su papel de viejo patriarca familiar), Robin Wright (quien aun siendo una mujer muy atractiva luce aquí bastante más vieja de lo que la recordaba) o el seco Daniel Craig, quien podrá ser un Bond muy cercano a la realidad pero que en mi opinión no ha demostrado todo el estrellato que ahora mismo posee.
a esto se limita James Bond en esta pelicula: a anotar mariqueras en una libretica y decir "ujum...ujum..." 

No puedo dejar de mencionar la sombría banda sonora compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, quienes logran crear el perfecto complemento sonoro a tanto ambiente oscuro y tenebroso.
¿El mejor trabajo de Fincher? Ni por asomo, pero al menos estamos frente a una película muy bien hecha, muy bien contada y muy bien narrada que si bien no es perfecta es de lo mejor que he podido ver en los últimos meses. En un tiempo futuro veré la película sueca original y podre compararla con esta versión, por lo pronto no me sumare a quienes la llaman un trabajo fallido.

viernes 27 de enero de 2012

Jely: el dilema del ser padre frente al dilema del ser hijo

En estos momentos no existe un enemigo más acérrimo en la relación con mi hija que su desorden y descuido hacia varios temas. Tal vez solo sea un choque generacional, tal vez sea una colisión entre su desidia y mi atención a los detalles, tal vez sean varias cosas o una sola a la vez, lo cierto es que ese ítem en particular se ha convertido en los últimos tiempos en el detonante perfecto para unas peleas épicas que dejan al Mortal Kombat como un picnic de domingo.
Enfrentamientos de esa índole no son algo completamente ajeno a lo que he vivido; con mi padre los tuve, los tengo y muy seguramente los seguiré teniendo a lo largo de lo que quede en vida en común entre ambos. Solo que ahora me toca ver esas diferencias desde una perspectiva diferente, como muchos asuntos de los que he reflexionado en mi vida en común con Jely.
Cuando algo así sucede, siempre trato de ponerme en los zapatos de hijo y así tratar al menos de entender el porqué de las cosas para darle al menos una solución un poco más contundente que el solo hacerlo por hacerlo.
En este caso trato de recordar las peleas que tuve en mi adolescencia con mi padre acerca de mi forma de vestir y de llevar mi cabello. Fueron peleas muy amargas y poco saludables las que tuvimos en aquellos días, y aunque este no sea ni por asomo el mismo caso, al menos trato de ver que tanto puedo sacar de lo que pensaba en aquella época para que nos enfrentáramos de esa forma.
Recuerdo que en aquella época no entendía el afán de mi padre por querer cambiarme de esa manera cuando para mí solo era una mera cuestión de aspecto, colocándolo el como si fuese algo primordial en la vida de una persona. Al final ni yo ni el tuvimos la razón ni estábamos equivocados, digamos que descubrí que había aspectos en los que tenía razón él y otros donde yo la tenía. Lo que si recuerdo es que muchas veces me descubrí a mí mismo cometiendo tales acciones solo para sacarle la piedra.
No sé si este sea su caso, lo dudo. A diferencia de mi padre y yo, con Jely llevo una comunicación impecable, al punto de que nos contamos muchas cosas que no compartimos con nadie más y nos consideramos tan amigos como padre e hija. Es mi deber (y así lo hare) seguirle comunicando de una forma no gritada (aun cuando me cueste) la importancia de ser más responsable y cuidadosa con sus asuntos, ya sea algo tonto como dejar la tapa de la laptop abierta como algo importante como sus tareas y deberes.
No sigue siendo fácil ser padre, y cada día se pone más complicado.

miércoles 18 de enero de 2012

Arena y Hostel III: directas a video, directas a la poceta

Las películas directas a video son en esta época el equivalente a decir “hey, hicimos esta película pero no es tan buena para pasarla en las salas de cine, ¿será que puedes comprar el dvd y verla?” generalmente le paso de largo a este tipo de productos, pero hace poco (por fastidio, por curiosidad, por ladilla, etc.) tuve el bizarro privilegio de ver estas dos joyas (nótese la ironía) y evidenciar la opinión que tengo de estas películas.
Arena es una película que de entrada se nota mala, solamente las escenas de pelea que tiene dan testimonio de lo que nos deparara solamente en el apartado gráfico: escenas de lucha que parecen sacadas de un juego de Playstation 1 aparte de un collage de escenas donde diferentes geeks alrededor del mundo ven por todos los medios posibles de conexión lo que se supone es una transmisión en vivo.
si, los graficos de las peleas son asi, y no es solo eso sino que este pana parece de curiepe y encima tiene un traje tipico arabe, dime tu...

La película cuenta la historia de una mafia que transmite peleas reales en escenarios virtuales (ejem…) y de la que medio planeta se ha hecho adicto a tal punto de verlas en cualquier forma o manera de conexión a internet posible. También nos cuentan la historia de David Lord, un carajo que trabaja como bombero y que pierde trágicamente en un accidente a su esposa embarazada, quedando en la total demencia. Una vez pasado esto termina sumido en el alcoholismo y la tristeza bebiendo en bares mexicanos y buscándole peo a tipos del doble de su tamaño. La mafia de las peleas lo secuestra (de las pocas cosas buenas que tiene esta película es la secuestradora, oh sí que sí) y termina luchando por su propia vida, llegando a retar al mismísimo jefe a un duelo mortal que no es otro que el hasta ahora respetado Samuel L. Jackson (ya le doy con el tobo, paciencia).
La película es un despropósito de clichés y situaciones absurdas. Las actuaciones (si se puede llamar así) son más planas que una hoja de papel y aun me parece increíble ver a Samuel L. Jackson (un actor que ha demostrado ser un literal pran en la gran mayoría de las películas que ha hecho) en una cosa como esta, seguramente quería cambiar las baldosas de su baño, comprarse un carro nuevo, quien sabe. No solo sus diálogos están hechos para que diga cualquier clase de estupideces en el tono de voz que le caracteriza (como si eso tapara la cagada que dice) sino que además su papel de jefe chulo incluye desde miradas asesinas que no convencerían a nadie hasta bailecitos y orgias tipo “The Film Zone” con sus dos ayudantes asiáticas (que por supuesto están buenísimas) aun con lo malo que sale Jackson es lo mejorcito que trae esta cosa, con eso lo digo todo.
 "...y te dire otra cosa, el unico proposito de estar en esta mierda de pelicula es hacer que Snakes on a Plane suba de calidad en mi filmografia..."
Pero luego de ver semejante mojón visual, al siguiente día me lance la aventura de ver Hostel III, tercera parte de la película que hizo que más gente dejara de ir a Europa por cague a que los secuestraran y desmecharan. Confieso que las dos primeras sin ser unas películas notables al menos me dieron un entretenimiento digno (más allá de lo poco realistas de las muertes que aparecen) pero al lado de esta última aquellas son El Padrino 1 y 2.
American Pie 9: the gore reunion

La historia es la misma que en las anteriores, solo que esta vez el escenario no es algún país Europeo sino la ciudad de Las Vegas. De resto es una mala fotocopia de las películas anteriores: el grupo de amigotes donde está el quesuo, el prudente, el ricachón, etc. Debo admitir que la película tiene un comienzo notable (la primera media hora) pero luego se va cayendo solita entre tantas vainas incoherentes (dentro de lo que una película así puede ofrecer). Las muertes son tan falsas y hasta risibles que no vale la pena ni siquiera nombrarlas.
honestamente no supe de que carajo iba disfrazada esta caraja (si es que era una caraja) ademas de ser esta la muerte menos pajua de toda la pelicula

Ambas películas tienen algo muy en común: un final malísimo con unos supuestos intentos de tramas sorpresivas al final. Si alguno de los dos gana en incoherencias sería el de Hostel III, es tan malo que lo único que pude reaccionar fue a reírme como demente cuando la única cosa que dije dentro de mí que faltaba que pasara, paso, y eso que lo dije en tono bromista.
Ojala estas películas no marquen el tono de lo que será el cine que veré este 2012, si es así simplemente le preguntare a los mayas o a Michael Bay a qué hora comenzaran los peos ese 21 de diciembre.

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